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                          04 -Superar el parón

                          PUBLICADO en
                          >>>>>> "CARTAS de un empresario a su hijo"
                          de Kingsley Ward

                          El hijo ha tenido malas notas en
                          los examenes cuatrimestrales de
                          segundo curso en la universidad, en contraste con el notable alto del primer año. Su padre le envía una carta con la esperanza de mejorar las cosas.


                          Querido hijo:

                          Acaban de llegar tus notas cuatrimestrales, con unos números que, aun siendo pequeños, llaman mucho la atención: 2, 1,5 y 2,5. Como no los había visto nunca, tuve que pedir a un amigo que me los explicara. Con la respuesta que me dio, créeme que la sonrisa que nos produjeron tus notas del primer curso se ha desvanecido por completo.
                          Sin embargo, creo que hubo bastantes sonrisas y jovialidad durante aquel primer año como para que te hubieran servido de estímulo durante el segundo. Así lo creía.
                          ¿O es que has malgastado durmiendo todo el tiempo libre que te dejan las clases?
                          De sobra sabes que empujar un coche cuesta arriba es un trabajo penoso. Y aunque puedes pararte un poco a descansar, has de hacerlo con cuidado puesto que, de otro modo, hay muchas probabilidades de que el coche tire para atrás hasta abajo del todo. Y entonces tendrías que empezar otra vez desde el principio. Lo mismo sucede en el trabajo. Y en los estudios. No importa lo que hayas hecho ayer; a menos que no sigas esforzándote, perderás ímpetu. Una vez perdido el ímpetu, todos tus pasados esfuerzos empiezan a deteriorarse, porque has abandonado el camino que lleva a la terminación de tu tarea. En tu caso, la tarea en cuestión es acabar bien tus estudios universitarios.

                          Aunque ya hace sus buenos años de esto, todavía me acuerdo de algunos muchachos verdaderamente brillantes que fueron compañeros míos el primer curso.
                          Cómo les envidiaba!
                          Parecía que no les costaba nada sacar aquellos notables y sobresalientes, mientras que yo tenía que esforzarme a tope para pasar del aprobado. Las cosas fueron muy distintas en el segundo curso. Me di cuenta de que algunos de aquellos privilegiados estaban dejándose llevar por el impulso que acumularon en la enseñanza media, donde trabajaron a tope. Fue una gran sorpresa para mí ver, al final de aquel año, que nuestra clase había perdido el
                          35 por ciento de sus alumnos. Algunos habían sido expulsados a causa de sus pésimas notas, otros se fueron de motu propio, los demás cambiaron de carrera en busca de otra más fácil. Y muchos de ellos eran los tipos brillantes con los que yo había empezado!
                          Habían
                          agotado la tremenda inercia que traían de la enseñanza media.
                          Ya lo ves; como habían tenido un primer curso fácil, pensaron que el segundo iba a ser igual, pan comido. Para cuando algunos de ellos quisieron darse cuenta de lo que había sucedido, era demasiado tarde. Ya no eran capaces de disciplinar su mente y conseguir la concentración suficiente para volver a trabajar.
                          En otras palabras, no podían contrarrestar el impulso que les arrastraba
                          hacia abajo.

                          Cuando hayas vivido unos pocos años más, advertirás que la vida es una batalla cuesta arriba; tan pronto como hayas dado fin a un proyecto, aparecerá otro. Si no pones ahínco y disposición para realizar nuevos esfuerzos, tu tasa de fracasos en la vida será alta. Puesto que eso es lo que diferencia a los hombres que se realizan de los que no.

                          En esta ocasión no tengo indicio alguno de que te hayas dejado llevar por la inercia durante tu primer curso. Lo que sí creo advertir es que has olvidado que la vida, en alguna de sus etapas, es como remontar un río en una piragua. Deja de remar cuando vas contra corriente y verás que ésta te arrastra en un periquete. Lo mismo pasa en la vida, por lo que, cuando quieras dar un descanso a tus brazos, no lo hagas en mitad de una corriente tan fuerte como va a ser tu segundo curso de universidad. Ten presente siempre que los descansos que quieras tomarte en el río has de elegirlos con mucho cuidado para evitar las corrientes. De la misma manera han de ser los descansos que te tomes en los estudios.

                          Personalmente me parece que siete meses de esfuerzo al año no representan una exigencia excesiva para nadie. Si tú crees que lo son y que hasta terminar la carrera universitaria con una media de aprobado, te llevarás una sorpresa morrocotuda cuando llegue el momento de incorporarte a nuestras empresas. Exigimos once meses y medio de esfuerzo ininterrumpido y sólo aceptamos en nuestros departamentos a quienes sacan sobresaliente.

                          Naturalmente, la legislación del seguro de desempleo te permitiría ampliar el período anual de descanso más allá de los cinco meses que ahora tienes, pero no he conocido a nadie de tu categoría que haya cobrado voluntariamente esta clase de paga de vacaciones y se haya sentido satisfecho durante mucho tiempo.

                          Recuerda, si quieres llegar a ser un capitán de empresa. que es imposible volar como un águila con las alas de un gorrión. Te quedan todavía cuatro meses para recuperar tu impulso y volver a alcanzar un nivel satisfactorio, como el de antes.

                          Te quiere
                          Tu compañero de piragua

                          P.D.
                          Se me ocurre pensar que acaso fuera beneficioso para ti hacer una estricta valoración de muchos de aquellos con quienes hayas pasado tus horas de ocio durante esta primera parte del curso. Acaso descubrieras algunos fallos de carácter entre los componentes de este grupo, que espero no fueran contagiosos en todos los casos.

                          Te sugeriría que hicieras esa valoración durante este período. pues dudo de que muchos de esos amigos vuelvan a la universidad el próximo curso. Creo que también sería prudente que te echaras unos cuantos amigos nuevos, eligiéndolos de entre aquellos que vayan a volver a la universidad el curso que viene. Siempre serán amigos más interesantes a la larga.